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miércoles, 29 de noviembre de 2023

A mitad de camino

A estas alturas de la vida

y con lo poco que he vivido

debería tener cuatro veces

más dinero en el banco

o una hipoteca en fase terminal

una vida más o menos feliz

una ex mujer, dos perros, 

una niña miope con gafas rosas

un periquito llamado Lardín

un libro de poemas autoeditado

gracias a un cobro en bé

un camino cuesta abajo

en fin, esas cosas.


Y en cambio, aquí estoy

más cerca de esa vejez

que siempre me ha acompañado

que del joven que nunca 

he aparentado, con los mismos 

miedos, las mismas ausencias 

de siempre, los sueños 

que se esfuman, pocas ganas 

de mirar atrás y menos de mirarme 

                                                      dentro. 


Así que aquí estoy, frente al viento

buscando el sol en las cuatro sombras

que me acompañan -ellas sí, fieles-

caminando a paso más que ligero, 

se diría incluso que determinado, 

acercándome, como si quisiera llegar

como si supiera dónde voy. 





domingo, 25 de junio de 2023

EBAU (Estaba Buscando Alguien Único)

Como le diría Montes a Daimiel hablando de baloncesto, llega a su fin el curso veintidós veintitrés. Es hora de repartir notas y anillos, de echar la vista atrás y hacer balance, de decir chau a los compañeritos del alma y a la puta bohemia, de brindar por los hermanos escolapios que de tan buenos que son, nos llevan de excursión, de saltar hogueras, de sacar para fuera lo malo, en mi vida no quiero nada malo no, no, no...


Septiembre llegó como llegan todos los septiembres, con esos nervios mezcla de ilusión y temor por no haber trabajado lo suficiente en agosto cuando quizás se podía. Precisamente fue un mes de salidas y entradas en el trabajo, de asumir más responsabilidad no siempre bien valorada. Se empezaba a vislumbrar un cambio.


Octubre fue un mes de salir de la zona de confort. Hice algo que nunca había hecho y también salí a navegar; el mismo día, con la cabeza y el estómago dando vueltas por un cambio de viento, dije algo que no debía y se desató la tormenta. Mi cabeza estuvo bajo los efectos del oleaje un par de días, a mi corazón le llevó algo más de tiempo salir del aturdimiento.


Pero salió. Noviembre con sus fríos, sus llovizna, mi cumpleaños más sólo que nunca, fue un mes bonito. Cambié de trabajo y recuperé algo que me gustaba mucho: acompañarla, escucharla, hacerla reír. A quien no sabía querer y a quien más quería, eran la misma persona.


Diciembre tuvo uno de esos días que siempre recordaré, aunque ya no sé si fue el seis, el siete, el ocho. Volver a vernos en persona, volver a abrazarla, volver a compartir lugares que ya no eran el mismo. Recibirla en mi ciudad, contarle historias, confesarnos, llorar hasta el moco y hacerlo de su mano, sintiendo en mis dedos el roce de ese anillo que tanto me gustaba. Era casi igual pero era completamente distinto. Como diría Malú, me habías enseñado tú. Moriría por vos, que cantan los otros, pero tanto me lo habías dicho, que me lo creí, debía hacer mi vida, pensar en mí, priorizarme. Orientar mi vida, tal vez hacia ese nuevo trabajo con todos los marrones que tú intuías y esos que ni siquiera yo imaginaba. 


La tentación de buscar y de caer en ese pasado tan bonito me duró lo que tardé en comprobar que todos mis intentos caían en un desvío de llamada. Quizás el destino, quizás la inteligencia artificial, quizás la incomprensión de un sistema operativo.


Enero fue terriblemente complicado, su cuesta fue un tappone dolomitico: fue la longitud del Stelvio, la dureza del Mortirolo y el frío del Gavia todo junto. Y encadenado con un descenso a tumba abierta y sin un simple periódico que abrigara mi corazón partido. Me vi repitiendo errores y curso, todo lo que no quería.


En febrero te eché de menos más que nunca. Con mi vida tambaleándose en un mes de locos, de carreras, de ojeras, de tensiones. Fue también la última vez oí tu voz, escucharla la sigo escuchando siempre.


Marzo, abril y mayo pasaron en un visto y no visto. Trabajo, trabajo más trabajo y hospital. Como la primavera, hubo días más soleados y tranquilos y otros de fina lluvia de esa que cala sin darte cuenta. Bajando una tarde del hospital, desde la carpa del circo instalado junto a la plaza de toros se escapaba el soniquete "del más difícil todavía", comenzaba a llover y yo sin paraguas. Me pareció una imagen tan literaria que en mitad de mis fracasos empecé a sonreír como un bobo. 


Encontrar imágenes y darles forma de poema breve es todo lo relacionado con la escritura que hago últimamente. Por eso al hacer ahora balance me pregunto si merece la pena tener abierto este Blog, llamarlo erótico cuando de eso queda poco. Seguramente haré una limpia, mudaré los textos más personales a otro espacio más íntimo, depuraré este espacio y todo lo que suba serán textos viejos, excitantes pero que no me llenan.


Pero eso cuando tenga tiempo. Trabajando en el turismo el  verano es prohibitivo. Mis vacaciones fueron seis días en mayo para preparar un examen para el que no había estudiado en todo el curso y serán cinco días en octubre para asentarme en Chamartín y escaparme un día a esas ciudades cercanas que sacrifiqué bien sacrificadas por estar contigo unas horas más.


Y así, como siempre sin darnos cuenta, llegó junio. Pasaron aniversarios, esa memoria virtual de las redes me recordó lugares, atardeceres, canciones... Olvidarte no te olvidaré nunca, superarlo creo que lo he superado; o lo había. Oír tu nombre, decirlo incluso mentalmente no me provocaba ninguna tristeza, ninguna nostalgia. Al contrario, me esfuerzo por recordarte con la misma sonrisa que se me dibujaba cuando tú me mirabas. Si no te escribía era porque los últimos mensajes no habían tenido respuesta, y porque tampoco sé qué efectos produce en ti saber de mí. Pero esta semana, llamó una clienta, al decirme su nombre y ver que coincidía con el tuyo, sonreí. Hasta ahí nada raro. Pero es que al enviar un correo, los campos automáticos de la plantilla me depararon el saludo que siempre te dedicaba, con el que comenzaba mis mensajes, el que encabezaba las alegrías y las penas que compartía contigo. Y como diría Karol G, yo también me dije que hace mucho que no sé ná de ti. Romper la distancia que has impuesto, no quiero, pero sé que de vez en cuando me lees y en verdad me nace decírtelo: sin ilusiones, sin ganas de volver, sin esperanzas, pero te echo mucho de menos. 


Ah, por cierto, el examen bien pero mal, siempre queda algo pendiente. Menos mal que en nuestro restaurante en el puerto hay un camarero con ganas de practicar. Y del shock de ver mi saludo encabezando una plantilla de correo, nacerá un poema; no sé si será el último de este espacio o el primero del nuevo. Pero ya ves, todavía hago rimas con tu nombre para ser feliz. 

miércoles, 1 de junio de 2022

La mano de Courtois

En el minuto 82, una contra mal llevada del Real Madrid acaba con un despeje desde la zona de lateral izquierdo del Liverpool, el balón cruza el cielo de París, Mendy mide mal y la pelota llega a Salah, que orienta, entra en el área, mira a puerta y chuta en diagonal, de abajo a arriba, con violencia. Cuando ya se canta el empate, Courtois mueve el brazo, casi por instinto y salva lo que parecía inevitable.

¿Y esto a qué viene? A que yo me mordí las uñas en ese instante, y hoy, cuando me he rozado la uña con otro de los dedos, he visto que las tenía desigualadas; y eso me ha recordado a los arañazos que te hice, y al lugar dónde fueron, a aquel día, a ti y...

martes, 12 de abril de 2022

No soy lo que aparento



No es lo que parece

cuando el verbo se hace dedo

y en dos segundos tecleo

un halago, un piropo, un requiebro.

No hagas excesivo caso,

no soy lo que aparento.

Suena raro, es cierto,

pero no me gusta el sexo por el sexo.

Aunque, una cosa es una cosa

y otra, que esté uno ciego;

por ello, -frágil equilibrio

entre mente, instinto y deseo-

si entre unas curvas me acelero

y me imagino a tu espalda,

muy cerca, sin aliento,

el cuerpo oscilando

y mis manos en tu pecho,

no lo tomes por cierto.


No es para mí

si el chocar de nuestros cuerpos

no se descodifica

y se graba en mi cerebro.

domingo, 2 de agosto de 2020

Echar un ojo

DÍA 15

 

- Buenos días, vecino- dijo Juan. Aunque hace años que vivimos puerta con puerta y conocemos nuestros nombres, en el portal sigue llamándome así.

- Buenas, ¿Qué tal todo?- le respondí. Lo que sigue fue una típica conversación de ascensor: el tiempo, las noticias de portada del periódico y monosílabos varios. Al llegar al piso por fin se decidió a decir lo que yo esperaba que dijese desde el principio.

- ¿Te podría pedir un favor?- preguntó titubeando, como si de verdad lo que iba a pedir le supusiera contrariedad.

- Si, claro, dime- le dije adivinando lo que iba a pedir.

- Verás, mañana nos vamos de vacaciones…- empezó a decir.

- Ah, qué bien- le interrumpí.

- Si, nada, quince días a Torrevieja, al apartamento de mi cuñado, que me cae como una patada en los huevos, dicho sea de paso,- dijo bajando un poco la voz- pero bueno, tendremos que aprovecharlo, ¿no?, además así escapamos de este calor- dijo pasándose el dorso de la mano por la frente y secándose las gotitas de sudor que le empezaban a aflorar.

- Y quieres que mire el correo y riegue las plantas, como otros años…-. Lo había adivinado, pero mis dotes premonitorias no me hacían sentir mejor al ser el único gilipollas de confianza que se quedaba derritiéndose con el asfalto.

- Si no es mucha molestia…- dijo él. Su cara de felicidad por haber encontrado a quien cargarle el muerto contradecía el tono pesaroso de su voz.

- No, que va… yo encantado-. Al menos tendría la excusa para huir diez minutos al día de mi casa. Aunque mi refugio estuviese al otro lado del patio de luces.

- En realidad no haría falta, porque Sara se queda, dice que es muy mayor para venir con nosotros, pero sinceramente, prefiero que te encargues tú, porque ya sabes como es Rosa con sus plantas, y con esta hija nuestra que no sabe donde tiene la cabeza, a la vuelta la íbamos a tener gorda si se habían estropeado las flores de la terraza, además así le echas un ojo de vez en cuando para que no se desmadre…-siguió hablando, pero mi cerebro ya no seguía su conversación.

- Ah, ¿qué edad tiene?- fue lo único que se me ocurrió preguntar.

- Dieciocho- respondió.-Entonces perfecto, luego te paso las llaves, buenos días y gracias- añadió antes de desaparecer tras la puerta de su casa.

 

DÍA 14

 

Dieciocho años, hay que ver como pasa el tiempo, aunque también dice el tango que veinte años no son nada, así que dieciocho deben ser menos que nada. Y sin embargo los tenía que haber visto pasar… Podía haberme hecho estas reflexiones viendo engordar el culo de mi mujer, pero su culo estaba siempre empotrado en la butaca del salón frente al televisor, o me lo podía haber dicho cada mañana bajo la ducha, pero ahí prefería mucho más masturbarme que cavilar. Dieciocho años… Lo pensaba ahí, de pie frente a la ventana de la cocina, mirando el vació y no viendo más que la cocina del piso de enfrente. Tenía que haberme dado cuenta que Sara ya no era la niña que alborotaba el patio corriendo por el pasillo en su triciclo, ni la adolescente que con su música alta nos hizo odiar a Justin Bieber antes incluso de saber quien era Justin Bieber, sino la joven de piernas flacas y largas, tiernos pechos y belleza tranquila que se pasea frente a mí con la vista fija en su teléfono móvil y con una camiseta tan holgada que me hace imposible adivinar si lo que lleva debajo son unos shorts o la ropa interior. Cuando levanta la cabeza y me ve, me dedica una generosa sonrisa. Dieciocho años.

 

DÍA 13

 

En el buzón sólo propaganda que dejo sobre la mesa de la cocina, la regadera en la terraza, las plantas en salón, cocina y balcón. Este año ya sé que la de la habitación de matrimonio es de plástico. ¿Habrá más? Me detengo junto a la puerta del cuarto de Sara. ¿Ahí habrá algo que regar, o sólo estará esta dulce criatura inocentemente dormida cubierta apenas por una suave sábana…? Inconscientemente encuentro mi mano refugiada en el bolsillo. Gano la batalla sobre mí mismo y dando media vuelta vuelvo a mi casa. Bueno, casi. Antes paso por el baño y me meto en el bolsillo un tanga que había visto colgando del grifo del agua caliente; en todas las guerras hay prisioneros.

 

DÍA 12

 

Su padre me dijo que tenía que estudiar, pero…, hace calor, es difícil concentrarse, además queda mucho verano por delante. A la mañana duerme, a la tarde va a la piscina y a la noche no va a ponerse a estudiar, ¿no? Enciende la tele, se lleva la cena al salón y sujetando el smartphone entre las manos hace méritos para un esguince cervical. Cuando apaga las luces, puedo irme yo también a la cama.

 

DÍA 11

 

Hoy junto al único sobre que había en el buzón, dejo sobre la mesa una pequeña bolsa marrón con dos cruasanes. Me he sentido generoso en la panadería. La propaganda de los días anteriores sigue en su sitio. Sé que Sara salió, oí el portazo, pero no bajó los papeles a reciclar; hacen bien en no encomendarle sus padres el cuidado diario de las flores.

Es casi mediodía cuando se enciende la luz de la cocina en el piso de enfrente. Por fin un signo de vida que ahuyente a los ladrones avisados por las persianas a medio echar tanto de día como de noche. Sara irrumpe y yo miro hacia otro lado. Al cabo de unos segundos giro la cabeza, no puedo resistir la tentación. Me está mirando. Señala la bolsa con los dos bollos. Dice algo, aunque con el doble cristal no oigo nada. Aún así afirmo con la cabeza. Ella abre la ventana, yo le imito:

- Muchas gracias, a ver si mañana madrugo y me los encuentro todavía calentitos…-.

 

DÍA 10

 

¿Sabrá que la camiseta que lleva puesta es la del Partizán de Belgrado o la habrá elegido como pijama solamente por las rayas blanquinegras? ¿Cuántas ligas y copas serbias habrá ganado el Partizán de Belgrado? ¿y de la extinta Yugoslavia? Cualquier pregunta es buena para distraer a mi cerebro y evitar estos pensamientos que me asaltan sentado frente a ella, pero mis ojos, ay mis ojos, éstos son unos librepensadores y unos descarados, y hace ya tiempo que han advertido que no lleva sujetador bajo su camiseta del Partizán de Belgrado, y aunque el guardia urbano de la conciencia les obligue a mirarla a la cara, los ojos no pueden evitar fijarse en el suave vaivén de sus pequeños tiernos pechos cada vez que Sara da un mordisco al cruasán que está desayunando frente a mí.

 

 

DÍA 9

 

- ¿Sabes? De pequeña me parecías un ogro, con la barba que llevabas y los ojos tan negros…- confiesa riendo.

- Vaya, así que un ogro, gracias- le respondo también sonriendo.

- Si, pero estos días me estoy dando cuenta de que eres súper enrollado- replica.

- Cuando mis hijos me decían eso es que me querían pedir algo- le digo.

- ¿Y qué te podía pedir yo?- dice ella riendo. De golpe se me ocurren miles de respuestas explícitas, así que mejor la dejo con su colacao y su cruasán y me vuelvo a mi casa.

 

DÍA 8

 

No sé, tal vez sea un caso único en el mundo, digno de estudio por parte de una universidad muy prestigiosa de Nueva Escocia, y quizás dentro de unos años unos científicos, incluido un japonés, en bata, delante de mi cerebro desestructurado presenten un análisis que merezca la portada de la revista Science, pero el caso es que cuando habla mi mujer oigo su voz como si saliera del televisor, lejana, hueca, como si no hubiera que prestarle demasiada importancia. Sin embargo, cuando esta mañana Sara ha surgido de su habitación restregándose los ojitos y me ha saludado con un “buenos días”, he escuchado música celestial y todos mis sentidos se han puesto alegres y risueños. Algunos, hasta demasiado.

 

DIA 7

 

Me siento culpable. Desayunar con Sara se ha vuelto parte de la rutina, como mirar un buzón semidesierto y regar inútilmente unas plantas que la ola de calor acabará secando. Por eso he lavado y secado el tanga que le robé; no lo he planchado porque no sabía cómo hacerlo. Además, en mi bolsillo se hubiese vuelto a arrugar. Al despedirme, como quien no quiere la cosa, como si ese minúsculo trozo de tela no hubiese estado donde había estado, le digo:

- Ay, se me olvidaba, el otro día debiste tender esto en nuestras cuerdas-

Ella lo mira y lo remira antes de decir: -No sé poner la lavadora, soy un desastre- Durante unas décimas de segundo, las que ella está callada, me siento descubierto y dispuesto a confesar como un traidor. Luego añade: - siempre me equivoco al elegir el programa-.

 

DÍA 6

 

-¡Pues claro que Sara tiene novio!, desde hace tres años, Daniel, el hijo del frutero. Sería él, ¿Quién iba a ser si no? Bueno, bueno, te dejo, que estoy en la playa y hay mucho ruido y no te oigo nada- y cuelga. Yo también conozco a Dani, y sé que no era él. De hecho sé quién era, aunque a mi vecino he preferido no contárselo. Era Nacho, uno de los porreros del parque. Y si su padre prefiere seguir en la playa viendo gordas en topless que preocuparse por ella, me tendré que ocupar yo…

¿Ves? La puerta está cerrada sin llave, y ayer cuando vinieron le dio dos vueltas, que lo oí desde la cama. Bueno, por lo menos eso quiere decir que él se marchó después de utilizar a mi Sara y que no me va a aparecer en pelota picada por el salón mientras riego las plantas. Cuando abro la puerta bajo el fregadero todavía tengo esperanzas, pero… como dos puñaladas, dos preservativos usados en la basura. Le voy a prohibir volver a ver a Nacho. Y al hijo del frutero también. Cuando me voy, le echo la llave a la puerta.

 

DÍA 5

 

La cerveza sólo enfría mi garganta, el resto de mi cuerpo sigue echando humo. Vale que engañe a su novio, pero ¿y a mí?, ¿dónde queda el vecino súper enrollado que te lleva cada mañana dos cruasanes calientes si a la primera de cambio te lías con un chulo de poca monta y prácticamente politoxicomano? Porque estaban los dos condones en la basura, que si no, ¿cómo se le va a levantar a ese con toda la mierda que se mete? Anda ya…

El enfado me dura hasta la noche, hasta que Sara se sienta en el sofá sobre sus rodillas embutida en un pantaloncito de deporte y una camiseta sin mangas.

 

DÍA 4

 

Estoy feliz. Tarareo alegres canciones inventadas, soy un Georgie Dann moderno y elegante. Dejo sobre la mesa de la cocina la bollería, napolitanas esta vez, y el número semanal de la revista femenina de la que Sara me habló hace unos días. Riego las plantas, canturreo, seco las gotas que han caído al parquet con una toalla minúscula, tamaño gnomo. Cuando vuelvo a la cocina Sara pasa deprisa las hojas de su revista. No la había oído salir de su habitación, se ha movido con sigilo, como un fantasma. De hecho va envuelta en una sábana. La camiseta del Partizán está tendida y no debe tener uniforme suplente. Al verme, se levanta de un salto y con alegría dice:

- Te has acordado… muchas gracias- y me estampa un sonoro beso en la mejilla.

 

DÍA 3

 

Seguro que mi médico se opondría radicalmente; dos cafés cargados en apenas media hora es muy malo para la tensión. Pero… ¿como iba a decirle que no a mi joven vecina? Sentado, la observo mientras prepara el café. De espaldas a mí, una camiseta blanca de algodón, sin mangas, y no tan larga como su camiseta de fútbol, me permite ver su culito y en mi cara se dibuja una sonrisa idéntica, prácticamente a escala, de la curva de sus nalgas. Cuando se gira y compruebo que la camiseta se le transparenta y en su braguita azul se le marca la forma de su sexo, me mareo súbitamente, tengo sudores fríos, taquicardia, problemas respiratorios y de coordinación, además de una hinchazón repentina. Debe ser el café. O Sara, una de dos.

 

DÍA 2

 

El calor es insoportable estos días. No puedo dormir y voy a cumplir con mis tareas diarias en el piso de los vecinos antes de lo habitual. Las flores se beben el agua como un guiri engulle la sangría en verano. Dejo las persianas bajadas, sólo unas rendijas permiten pasar la luz mínima necesaria, pero es inútil, el calor se cuela de todas formas.

No se ha despertado, sigue durmiendo. Es antes que otros días, y con este calor le habrá costado conciliar el sueño, así que trato de no hacer ruido. Al pasar por delante de su habitación su puerta no está cerrada, únicamente entornada. No puedo evitar asomarme. Duerme placidamente boca abajo, en diagonal, con una pierna estirada y la otra flexionada y el pie apoyado en la rodilla contraria, con las manos escondidas bajo la almohada y la cara mirando al lado contrario de mi posición. Me quedo observándola, hermosa, frágil, parece tan desvalida… Ah, casi se me olvida mencionar que estaba desnuda y con la sábana arrugada tirada al pie de la cama.

 

DÍA 1

 

Contención Pepe, contención. ¡Pero es que sería tan fácil…! Si tengo las llaves aquí en la mano, y a estas horas todavía debe estar profundamente dormida, y con este calor… ¡No! Cuenta hasta diez Pepe, mejor hasta cien, inspira, respira, inspira, respira, inspira, respira… ¿Ves como ya va pasándosete la tensión con la que amaneciste después de tener sueños aún más dulces porque Sara salía en ellos…?

 

DÍA 0

 

- Esta tarde vuelven tus padres, mañana ya no te traeré el desayuno- le anuncio.

- Que pena…- dice, y por su voz parece que realmente vaya a echar de menos los despertares de las dos últimas semanas. Una pena y un alivio, pienso. Cada día se me hacía más difícil resistir la tentación, así que a partir de mañana volveré a mi aburrida vida de antes. Adiós a sus ojitos somnolientos, adiós a los desayunos compartidos, adiós a sus camisetas sugerentes y a sus pantaloncitos explícitos, adiós a las frases intercambiadas a través del patio, adiós a los biquinis en el tendedor a su vuelta de la piscina, adiós Sara… Su presencia en mis sueños y su sonora risa grabada en mi mente me ayudaran a superar la abstinencia. -…entonces tendremos que aprovechar el tiempo- añade.

- ¿…?- su mano en mi pecho me empuja y me hace caer sobre el sofá del salón. Mientras se saca la camiseta y se planta frente a mí únicamente vestida con una braguita verde, todavía tengo tiempo de reaccionar: -¿Qué haces, estás loca?

- Fóllame, si no lo haces le diré a mi padre que me espiabas noche y día, que me robabas los tangas, que me encerrabas en casa, le hablaré de tus insinuaciones de viejo verde, de cómo babeabas mirándome las tetas, le contaré que pretendías comprarme con desayunos y regalos… te juro que lo hago- dijo, y se sentó sobre mi regazo. 

domingo, 24 de mayo de 2020

Così fan tutte

 Sé que una página porno no es el lugar indicado para estos culteranismos, porque la sangre se concentra en determinada parte y no riega bien el cerebro, pero lo tengo que citar: Così fan tutte. Aparte de una obra de Mozart, es italiano, viene a significar "Así actúan todas". Todas son las demás, no yo, y todavía no sé si eso implica que voy camino de la santidad o es que simplemente soy medio gilipollas. 

 El así es algo más difícil de explicar porque significa muchas cosas. Significa, por ejemplo, auto engañarse, pasar por alto, perdonar, mentir, a veces incluso emborracharse. Así puede venir a ser, según el caso, obviar la mentalidad infantil que les hace pensar en los videojuegos cuando tú, nada virtual y con necesidades reales, estás ahí a su lado, o pasar de viejos verdes para los que no existes si tu escote no luce un par de globos aerostáticos. Por no hablar de los niñatos adictos al porno que se piensan que una garganta profunda es la mejor manera de entrar en contacto, o aquellos, y esto que cada cual lo interprete a su manera, que se van cuando tú todavía no has echado a andar. Incluso también puede significar compadecer a aquellos que parece que están y son pero les tiemblan las manos cuando tienen que acompañar los movimientos de tu cadera. 

 Y lo siento si has leído hasta aquí y te sientes estafado porque esta no es una historia al uso. Me gustaría poder contarte una. Una bien sucia, o asquerosamente limpia porque transcurre en la ducha entre pompas de jabón, fluidos tibios y posturas imposibles más propias de acróbatas chinos. O tal vez una en la que se intercambian los papeles y mientras él plancha yo lo miro y acabo poniéndome más caliente que el pico de una ídem y acabamos follando sobre la encimera, pero... me parece que el realismo mágico ya pasó al olvido. Quizás algo más clásico, del tipo chica conoce chico, o chica conoce chica, o chica conoce al amigo del chico, o chica con chico conoce al chico de la chica de su chico y acaban, felices los cuatro, perreando dentro y fuera de la pista de baile. O acaso una de amores platónicos, o mucho mejor presocráticos, ¡dónde va a parar!, en la que te levantan los pies del suelo y sosteniéndote en el aire sientes abrasándote el fuego que ni el agua ni mi propia lluvia podrá sofocar. ¿Dónde estás mi Anaximandro? 

 A riesgo de parecer pedante (¿qué culpa tiene una de tener cierta cultura y/o carecer de polla con la que pensar?) seguiré con la filosofía. Así que si yo digo, que va, que va que va, yo leo a Kierkegaard, él sabe que me tiene que hacer reír, no importa cómo (al igual que los buenos cantantes tengo más de un registro), durante un rato y luego dejar las bromas o los dramas, lo que toque en cada momento y de un pollazo decidido y oportuno borrarme la sonrisa o enjuagarme las lágrimas y hacerme morder el labio. Debe preocuparse por lo que pasa alrededor de mi cintura al menos tanto como por sus abdominales, tiene que escucharme más allá del ajá, ajá con la cabeza gacha y la mirada perdida en la pantalla de su móvil. Tiene que ser duro, estar duro, o blando, no importa, el chocolate me gusta tanto en tableta como en mousse, y sobre todo ponerse duro, no hace falta decir dónde, ¿verdad?. Debe aguantarse mis días, y las broncas y los ya no te quiero, porque si siento que merece la pena tendrá la recompensa de mis reconciliaciones. ¿Tanto pedir es?

 Y a cambio yo, alta, bajita, guapa, fea, del montón, gordita, esmirriada, obesa, sensata, loca, impulsiva, feminista, libre, sumisa, compartida, multiorgásmica, frígida, realista, pasota, pesimista, mentirosa, te ofrezco mi verdad.