martes, 24 de febrero de 2026

Bizarro (Capítulo 2)

Antes de que volvieran -porque volvieron y la cosa se puso interesante- hubo otras con las que trabé confianza. Habían reservado un apartamento, uno bueno, grande, céntrico; en Airbnb sólo había una foto con baja resolución y un nombre que lo mismo podía ser senadora por Tuluá, profesora de SENA que cariñosa. Esta vez el truco del teléfono no me llevaba a ningún lado, pero me daba una pista: +57. Sin caer en estereotipos, pero gente de Colombia que alquile ese apartamento sólo pueden ser unos gomelos o fulanas. Y cuando una tras otra con esos maletones transoceánicos las vi llegar, los siete vicios del garrote, me quedó muy claro a qué venían. A decir verdad las intenciones se les veían casi tanto como lo que dejaba ver la micro falda que llevaba una de ellas cuando desde el rellano de la escalera nos daba indicaciones a los que abajo hacíamos un tetris para cargar las maletas en el ascensor. 

No sé si ellas sabían que yo sabía, pero sabía. Por si acaso miré los archivos policiales de esas páginas de internet que no hacen publicidad de prostitutas -guiño, guiño- y reconocí a dos de las sospechosas sin lugar a equivocación. El caso es que con este grupo también trabé cierta relación sin querer queriendo: en mitad de su estancia había pactada una revisión de caldera, así que tuve que ir y pese a estar requeteavisadas, todas dormían; después tuve quejas por la música alta de madrugada, así que tuve que volver a llamarles la atención, varias veces. Y cuando quisieron renovar la estancia hice lo único que podía hacer, ofrecerles un mejor precio que las plataformas y fraccionar los pagos. Eso me hizo volver un par de veces más y tratar con Danny (en todos los grupos hay una líder). Para el último pago me pidió que fuera al apartamento, que me quería preguntar alguna cosa. Para entonces, en una conversación previa al respecto de las molestias que provocaba la música, ya le había dejado claro que sabía lo que hacían, así que cuando me citó la víspera de partir no sabía muy bien qué esperarme. Y lo que me encontré fue a ella con un tipo al que me presentó como su primo, Andrés. El caso es que en el otro grupo también había un Andrés, llegué a pensar que era una denominación para los chulos en Colombia, qué sé yo. 

Daniela (no será la única Daniela de la historia, advierto para que no se pierdan) y Andrés el primo me hicieron alguna consulta sobre Airbnb que no recuerdo exactamente pero que tenía que ver con la imposibilidad de reservar en otro lado porque les habían catalogado como no muy buenos clientes (cosa que no hice yo que no tengo otra cosa que hacer que poner valoraciones y estrellitas a todos los clientes de Airbnb) y me dijeron que esa noche la vecina no se iba a quejar de ruido porque se iban de fiesta y llegarían justas para recoger las maletas y marcharse al tren. Como se marcharon un día antes de lo previsto la limpieza no se iba a realizar al día siguiente, así que antes de la limpieza oficial pasé a revisar y a eliminar restos delatores. La verdad es que estaba sucio (muchos días y pocas ganas de limpiar) pero lo que me sorprendió fue encontrar una importante cantidad de ropa, incluso sin estrenar: camisetas, sudaderas, chaquetas... También un aparatito para la tele, un adaptador para qué sé yo qué plataforma. Les grabé un vídeo y les pedí que me dieran una dirección donde enviarlo; al cabo de varios días se pusieron de acuerdo en que lo mejor era mandarlo a la oficina de correos más cercana a la casa de la mamá de Andrés. Quién soy yo para dudar. Eso hice y sólo al recibirlo me dicen que faltaba el remoto/mando del adaptador de la tele, así que vuelve al apartamento y vuelve a mandarlo, ésta vez a otra dirección. 

Ésta y algún mensaje de whatsapp esporádico mientras se preparaba el envío de la mercancía olvidada era toda la relación con Daniela (Dannyshay para los amigos) y Andrés el primo hasta que unas cuantas semanas después encuentro una notificación de correos diciendo que tengo un paquete que recoger y el remitente es... Andrés. ¿Qué será será? ¿Un perrito piloto, una muñeca chochona? No, era el control remoto que me vino devuelto porque nadie había ido a recogerlo en todo ese tiempo. Así que ahora, además del recuerdo en la memoria tengo un mando que no me sirve para nada y que ni siquiera sé cómo anunciar en el wallapop. 


Continuará

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